El sábado 13 de enero, el colegio médico y el de matronas “condenaron” la resolución del máximo tribunal de la república, en orden a prohibir la distribución de la píldora del día después.
Los facultativos -que saben de leyes lo que yo de neurocirugía- argumentaron que dicho fallo hacía referencia a “la forma” en que debía autorizarse la distribución del fármaco abortivo, por lo que anunciaron, no suspenderán su entrega, desconociendo así la nulidad de origen de que adolece el acto, evidenciando un gravísimo desconocimiento de la ley fundamental (y con ello su falta de capacidad para liderar un gremio de tal importancia). Una vista rápida al artículo 7° de la Constitución chilena ilustra hasta al más lego:
“Ninguna magistratura, ninguna persona ni grupo de personas pueden atribuirse, ni aun a pretexto de circunstancias extraordinarias, otra autoridad o derechos que los que expresamente se les hayan conferido en virtud de la Constitución o las leyes. Todo acto en contravención a este artículo es nulo y originará las responsabilidades y sanciones que la ley señale.”
Ignorantes. Es la palabra que mejor resume a este grupo de titulados (prefiero no hablar de profesionales), pero hay más, los médicos por su parte se jactan con descaro del perjurio que cometen día a día en los consultorios, al violar el juramento hipcrático que expresamente señala:
“A nadie daré una droga mortal aún cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera, no administraré a la mujer supositorios para provocarle aborto; mantendré puras mi vida y mi arte.”
Tanto o peor resulta la participación del colegio de matronas, profesión particularmente querida y respetada por ser ellas precisamente las encargadas de asistir los nacimientos. Es más, según el Diccionario de la RAE, las matronas son mujeres especialmente autorizada para asistir a las parturientas, entendiendo por estas últimas a las mujeres que están de parto o recién paridas.
La defensa a brazo partido que este colegio profesional hace de la píldora abortiva, resulta incomprensible, primero porque por esencia, su ambito de acción es la mujer en el parto o recién habiendo dado a luz y no la mujer recién embarazada y luego, porque su asistencia debe consistir precisamente en ayudar al parto y no en evitarlo.
Dejando de lado, la ética y la naturaleza de la carrera, resultan particularmente desgraciadas las declaraciones de la Presidenta del colegio de matronas, que ha señalado que de impedirse la distribución de la píldora “administrarán luego de la relación sexual, durante tres días, altas dosis de anticonceptivos”. ¡Nos guarde el Altísimo, van a envenenar a sus pacientes y lo publican a los cuatro vientos a través de la prensa! Ignorante y criminal.
Todo este show es doloroso y muy preocupante, pues aunque cada uno de nosotros probablemente tiene algún médico de cabecera, nunca estamos seguros de cuando una eventualidad puede ponernos a nosotros mismos, nuestros amigos o nuestras familias en manos de estos Dr. Mortis modernos.
Lo anterior deja en evidencia que la solución al problema del aborto no pasa solo por legislarlo, también deben crearse canales más efectivos para hacer valer la responsabilidad penal de los médicos y matronas que incurren en él, pues queda claro que la ética profesional y los juramentos ya no son un límite para estos matasanos.




