Hay situaciones que a la distancia nos pueden parecer desconcertantes. ¿Por qué países como Bolivia, Ecuador, y Venezuela, eligen y entregan sus derechos más elementales a Presidentes populistas y con claras pretensiones totalitarias como Evo Morales, Rafael Correa, Hugo Chavez o -casi- Ollanta Humala en Perú? Un juicio precipitado puede fácilmente hacernos creer que se trata de una masa ignorante seducida por promesas populistas de bienes y servicios gratuitos tras las que se ocultan las perversas intenciones despóticas del caudillo. Pero lo cierto es que al acercarnos más, rápidamente notaremos que esa gran masa electora que optó por dar su voto y ceder sus libertades a estos gobernantes populistas y a sus ‘Asambleas Constituyentes’, lo hizo de forma conciente.
Así es, el pueblo no se anda con cuentos, desea la ‘revolución’ y apoya las prácticas autoritarias de sus gobernantes, todo sea para conseguir algo que en Chile ya parece obsoleto, pero que en el resto de América Latina está cada día más vigente: ‘la Redención del Proletariado’… o en su caso del indígena, del postergado, del que no tiene oportunidades, etc.
Y es que si nos detenemos a observar la rígida estructura social de estos países, encotraremos un panorama casi colonial: una aristocracia blanca, rica y -aun- políticamente influyente, que una vez al año se viste con trajes flamencos para asistir a las corridas de toros, en contraste con una enorme masa de raíz indígena, de escasa o nula escolaridad y bajísimos ingresos. La única interacción existente entre ambos grupos es la de dominación/sumisión.
Dos clases divididas por el desprecio y el resentimiento, caldo de cultivo para el ‘Nuevo Socialismo del siglo XXI’ que no es más que la versión 2000 del viejo comunismo que hasta el día de hoy oprime al pueblo cubano.
¿Dónde quedan las esperanzas para la libertad de América? Ya lo hemos visto en Venezuela, la esperanza está en la Universidad. Entre estas dos ‘clases’ antagonistas aparece una delgada clase media, conformada por emprendedores, empleados públicos y sobre todo profesionales. La Universidad no es solo el lugar donde puden converger ambos extremos sociales, sino además es donde nace ese centro articulador de toda sociedad: una clase media, profesional, ilustrada y sin prejuicios, como la que hace ya 200 años liberó a América de la tiranía española.
El 2007 fuimos testigos de como los universitarios unidos a pesar de sus diferencias, salieron a las calles y frenaron las aspiraciones despóticas del Coronel Chávez. Vencieron por muy poco en el plebiscito, pero no hay que olvidar que hasta hace algunos años Chávez hacía y deshacía a voluntad y con un apoyo casi absoluto del electorado venezolano.
En Chile, el aumento de la clase media, gracias a la masificación de la educación privada durante el Gobierno militar, nos mantiene en un ambiente de relativa calma social, pero no debemos olvidar la escandalosa concentración de la riqueza, así como el surgimiento de grupos antisistémicos, con un claro discurso rupturista, muchos de ellos financiados desde el extranjero: anarquistas, indigenistas y dinosaurios como el FPMR o el MIR que amenazan con renacer.
¿Estamos los universitarios chilenos preparados para defender nuestra demcoracia? Con el nivel de abstención electoral actual y la apatía general entre los jóvenes, yo diría que no. Vamos compañeros, ¡a ponernos las pilas!




