Un hombre de bajo nivel socio-cultural, ingresa a su casa en la madrugada y bajo los efectos del alcohol comienza a golpear a su mujer con cualquier pretexto. Esta imagen que más parece una carícatura de la realidad rural de nuestro país a inicios del siglo XX, ha cobrado vida en las grandes ciudades del Chile del bicentenario, tomando esta vez un nuevo matiz: ahora las agresiones son hasta la muerte.
Es el parricidio en contra de la mujer, o el mal llamado “femicidio”. ¿Qué puede llevar a que en un país en vías de desarrollo como el nuestro y en pleno siglo XXI, estas conductas no solo perduren sino que además se hagan más cada vez más frecuentes?
Hoy, a diferencia del siglo pasado, no es posible culpar a la falta de educación, pues desde 1980 hasta la fecha, son cada vez más las personas que acceden a una escolaridad completa. La culpa en cambio, la tiene la cultura del individualismo, que los dos últimos gobiernos de la Concertación han pretendido imponer tanto dentro como fuera de las aulas.
Si una mujer queda embarazada sin desearlo, no necesita más que recurrir a la asistencia pública para asesinar al hijo que viene en camino. De la misma manera un hombre casado que desee convivir con otra mujer, solo necesita abandonar a la propia y a sus hijos por tres años para que luego los tribunales (el estado) legalicen su divorcio. Y sumado a todo lo anterior no son pocas las voces dentro de la coalición oficialista que abogan por legalizar la eutanacia, es decir la muerte de los ancianos cuando ya se han convertido en una ‘molestia’.
Siguiendo esta lógica y haciendo una macabra analogía, no es de extrañar que muchos hombres (y también mujeres) se sientan con el derecho a agredir o poner fin a la vida de su conyuge, cuando ésta se vuelve una molestia o simplemente interfiere con ’su’ vida, ignorando el principio básico de la vida en común: abandonarse a sí mismo para ser uno solo con la persona a la que -en teoría- se ama.
Esta cultura del egocentrismo amenaza directamente a la familia chilena y muchas de las actuales políticas públicas no están haciendo más que destruir a Chile desde su célula más básica. De no corregirse esta situación es de esperar que a mediano plazo la violencia por imponer la propia comodidad aun a costas de la vida de otros llegue también a las grandes esferas como la política interior o las relaciones internacionales.
Violencia intrafamiliar, aborto, tiranía y guerra. Todo tiene un mismo origen: la falta de amor.





hola entré de lateada jaja xD
oie tu sabes a lo que te referiste en el texto, yo tbn.
Algo que sin querer, tuve que pasar, y sin matrimonio, sólo un inocente pololeo a simple vista.
No será correcto alertar a las niñas mientras inician su búsqueda sentimental? Llevo 4 años pensando en ello.
Creo que me interesó e texto, pero pienso en las reacciones inesperadas… cuando dices “no” y quieren oir “si”… y no ven más allá, y comienzan diciéndote cosas ofensivas, dolorosas, y más tarde quizás en qué terminarán.
Es un tema que jamás he escrito por respeto a lo que viví. Pero creo que, al ver tanta violencia en el día a día, soy una indicada para tratar de frenarlo… y lo peor, que esa conducta te mata el amor, pero te genera la dependencia, y es tremendamente extraño.
Así funciona el ir y venir de dolores reprimidos.