El hombre es un animal. Y no habrá cura, antropólogo o sociólogo que logre convencerme de lo contrario. El ciclo natural de toda bestia, pájaro, pez o bacteria es: nacer, desarrollarse, reproducirse y morir.
Puede ser que este ciclo a propósito del ser humano tenga ciertas particularidades, fruto de la Dignidad humana, el Soplo Divino, la inteligencia superior, o lo que al lector más le agrade, pero a la larga todo puede resumirse en la lucha por la supervivencia personal y la de su especie.
Existen millones de capacidades y conocimientos que nos separan de los perros y los gatos, pero sin embargo, la mayoría de las veces estos conocimientos y capacidades, solo son puestos al servicio de dos necesidades: la de comer y la de reproducirse. Existe una excepción más o menos generalizada que es la diversión.
¿Por qué ocurre esto? Hay que distinguir. Hay gente que realmente vive en condiciones infrahumanas y no por tener el culo lleno de moscas, sino porque en realidad vive para conseguir abrigo y alimento para sí y sus hijos. “Viven para vivir”. A ellos se les perdona.
Por otro lado tenemos gente muy bien educada. Con estudios universitarios, para quienes el techo y la comida son algo natural y obvio, y que sin embargo se limitan estríctamente a cumplir el ciclo vital de la morsa o el chincol, solo que a diferencia de estos últimos, no salen a cazar para comer ni muestran las plumas para aparearse, en cambio usan sus conocimiento y sus habilidades únicamente para subsistir y reproducirse.
Voy al caso del pailón cuyos padres gastaron 15 millones de pesos en su educación universitaria, solo para que él ocupe su carrera para mantenerse, comprarse un auto del año para impresionar minas, tener un par de hijos y luego sobarse las manos y decir “mi tarea en este mundo está completa”, como si sus vástagos fueran tan gran aporte a la humanidad, que por sí mismos justificaran la vida de su padre. Mal.
Hoy veo mujeres y hombres que se esfuerzan en sus estudios y en el trabajo solo para ganar lo suficiente para hacerse ricos, y otros que sufren y se frustran si no encuentran pareja (y cuando lo hacen sienten que el 50% de su aporte al mundo está hecho). ¿Qué mérito tienen? si con recursos y estudios hacen lo mismo que los famélicos somalíes, y peor aun, con inteligencia humana hacen a la larga lo mismo que el perro, el gato, la morsa y el chincol.
No creo que todos deban convertirse en arquitectos de la humanidad, pues así como son necesarios los creadores, también hacen falta los entusiastas que los apoyen y los apáticos que finalmente terminen acatandolo todo por obligación, pero si es necesario que nos preguntemos ¿cuál será nuestro legado a este mundo? ¿O vamos a conformarnos con dejar unos cuantos hijos que bien podrían convertirse en el nuevo Hitler o el segundo Pol Pot?





