Hace cuatro años las campanas de San Pedro y el humo blanco de la Capilla Sixtina anunciaban la elección de un nuevo Papa, esta vez el Espíritu Santo se había posado sobre el aleman Joseph Alois Ratzinger. Al inicio de su pontificado, el “Rottweiler de Dios” fue objeto de duras críticas por parte de los supuestos “católicos progre” y diversas organizaciones anti cristianas. Las calumnias llegaron a tal punto de vincularlo al encubrimiento de los bullados escándalos de pedofilia por parte de sacerdotes en los Estados Unidos, e incluso (evidenciando la ignorancia característica de la Izquierda) se lo vinculó al Opus Dei y a la controvertida congregación de los Legionarios de Cristo. Nada más lejos de la verdad.
Quizá algo de razón tenían los enemigos de la Fe, Benedicto XVI es un conservador, pero no un retrógrada ni un oscurantista. Conservar las buenas tradiciones no significa para el Santo Padre mantener el statu quo respecto de los errores o malas prácticas al interior del magisterio, menos aun de sus crímenes. Ser conservador para el Papa es actuar a la luz del Evangelio y la tradición de la Madre Iglesia, caiga quien caiga.
Como nadie, Ratzinger ha demostrado tener los cojones para restringir el acceso de homosexuales a los seminarios de formación de sacerdotes, una medida revolucionaria, considerando que en Estados Unidos comunmente se llamaba al sacerdocio “la profesión de los gays”. Casualmente esta medida ha sido muy criticada, precisamente por los mismos que otrora condenaban a toda la Iglesia por la violación de niños a manos de sacerdotes homosexuales (¿Quién carajo los entiende?).
Pero la valentía de Benedicto XVI, no parte una vez elegido Papa. Recientemente ha salido a la luz que siendo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), y con la asistencia de mi compatriota, el Cardenal Jorge Medina, Ratzinger inició una incisiva investigación sobre las cabezas de la poderosa Legión de Cristo. Existe el rumor entre los vaticanistas italianos que el mismísimo Joseph Ratzinger habría desempolvado en 2005, durante la Sede Vacante (después de la muerte de Juan Pablo II y antes de su elección como Papa) el expediente que la CDF llevaba en contra de Marcial Maciel, el fundador de los llamados ” Millonarios de Cristo”. Una jugada rápida que pudo ser muy arriesgada si el electo Sucesor de San Pedro hubiera sido afín a la Legión.
El proceso Canónico ha avanzado ahora, de una manera por todos conocida: el 2006 el Papa prohibe a Marcial Maciel la celebración de la Misa (lo cual para un cura es como si a un piloto le prohibieran volar) y tres años más tarde se anuncia una inspección completa a las instituciones dependientes de la Legión, precisamente el día del cumpleaños de Maciel, fecha que los legionarios celebran en todo el mundo como una fiesta litúrgica. El lema del Papa cobra especial sentido: coperatores veritatis, “el que ayuda a la verdad”, aun cuando la verdad sea dolorosa.
Una verdad que según dicen, muchas veces Juan Pablo II prefirió no creer. Lo anterior genera en nosotros, los fieles, el temor de que estos tristes episodios pudieran de alguna manera poner en riesgo el proceso de Beatificación del Papa Magno, pero hay que ser cuidadosos: Maciel engañó incluso a quienes lo rodeaban y aun hoy muchos viven creyendo que en verdad era un hombre enfermo, que necesitaba masajes en sus partecitas para liberar el semen retenido. ¿Cómo no iba a engañar al Santo Padre, lejos en Roma, anciano y maravillado con la enorme cantidad de vocaciones que don Marcial secuestraba reclutaba en los colegios más pitucos de las américas?
No hay que juzgar a ese gran santo de Dios: la Iglesia y el mundo le deben mucho a Juan Pablo II, de algún modo podemos decir que fue él quien “llenó la Barca de San Pedro” y ahora debemos confiar en que nuestro Padre, Benedicto la conducirá no hacia atrás ni hacia adelante, sino hacia donde CRISTO quiera.





