Para nadie es un misterio que el clima social, político y -en resumen- cultural de un país en un periodo histórico preciso, determina las conductas de sus habitantes y particularmente de sus jóvenes, que por alguna razón somos especialmente receptivos de los cambios en nuestra sociedad.
Así por ejemplo, Estados Unidos conoció a los ‘Hippies’ durante la Guerra de Vietnam, y en nuestro país los encapuchados amigos del cóctel Molotov (a quienes algunos pocos nostálgicos intentan resucitar) causaron furor durante el Gobierno Militar. Sin embargo pocos se han detenido en analizar la relación entre los actuales pokemones y nuestro Chile del Bicentenario.
Pues bien, la raza Pokemón no es fruto del azar o de una falla masiva en los métodos anticonceptivos. Los pokemones son producto de casi 20 años de gobierno de la Concertación en Chile.
Todo comenzó en 1990, el nuevo gobierno necesitaba mostrar cuán diferente era de la “terrible dictadura”, sin embargo el país andaba tan bien que solo los más exaltados pedían cambios políticos o económicos sustanciales. La solución entonces fue un cambio cultural: erradicar el rigor y la solemnidad de los militares, y cambiarlo por la ordinariez y el desorden propios de la izquierda sudamericana. Desde ese momento una fauna de personajes coloquiales y faltos de aseo comenzaron a ocupar cargos públicos en el área cultural. Paralelo a estos hechos, la primera camada de la horda Pokemón comenzaba a ver la luz.
La manupulación cultural de la extrema izquierda llegó a su punto cúlmine el año 2000, gracias a las “Fiestas de la Cultura”, horripilantes recitales de Punks, Hip-hoperos y otros desadaptados, celebrados en multicanchas de barrio, animadas por el alcohol y las drogas y financiadas gentilmente por el Gobierno de Chile. La Concertación, ante la incapacidad de elevar el nivel cultural de los jóvenes, prefirió hacerles creer que sus primitivas y vulgares costumbres eran la más elevada manifestación de la Cultura. Para el 2002 el Profesor Rossa había salido del Aire, y “Mekano” se convertía en el programa favorito de los niños. Los pokemones ya tenían 10 años.
Paralelo a esta intervención en la cultura y los medios, apareció “el destape” chileno. Este proceso consistió principalmente en dos fenómenos: despenalizar todo lo prohibido y mundanizar todo lo sagrado. La homosexualidad, la promiscuidad y el consumo de drogas dejaron de ser algo malo, mientras las Religiones,la Historia patria e incluso el mismo Estado, dejaron de ser objeto de respeto. El destape se institucionalizó durante el gobierno de Bachelet quien mediante su “agenda valórica” permitió -entre otras cosas- distribuir píldoras abortivas a niñas de 14 años, la edad que la generación pokemona alcanzaba por esos años.
Era cosa de tiempo entonces para que la perversión de sus mentes y la corrupción de sus valores se manifestaran en sus cuerpos, convirtiéndolos en pequeños espantajos. No por nada Pokemón es una abreviación de pocket monsters, monstruos de bolsillo.
Esta será en definitiva la gran herencia de la Concertación: una generación de huevones, borrachos, ignorantes y putas, los que -por fortuna- son apáticos y pasarán por la vida sin pena ni gloria, explotados como mano de obra barata y macheteando al mismo Estado que los creó, a fin de que los consultorios les curen el SIDA y la sirrosis, y las escuelas públicas eduquen a sus hijos… esperemos, mejor de lo que los educaron a ellos.






Debo decirlo… que lúcido análisis, no puedo más que felicitarte por tu acertividad.
Espero que el final de estas gentes sea el que tú les vaticinas, por el bien de Chile y de nuestro futuro. Yo no soy tan optimista, creo que estas personas son el reemplazo de la clase media educada como la masa dominante del país, la cual era gobernada por una culta y todopoderosa aristocracia, consecuencia de que hoy no nos gobiernan los mejores sino que los que tienen dinero. Por tanto, a líderes mediocres les corresponde un pueblo ignorante, un rebaño de seguidores…